lunes, 7 de noviembre de 2011

Aunque me hagan daño


Hay pequeñas cosas en la vida que nos recuerdan que estamos vivos. Esas pequeñas cosas que hacen que la vida tenga sazón.

Hoy hice algo que hace rato no hacía. Me senté en el Parque Central de San José, a eso de las 4 de la tarde, me compré un refresco, y me senté a fumarme un cigarro. No tiene nada de extraño, pues me declaro fumador. Pero a diferencia de muchos cigarros, éste lo disfruté.

Aprecié el sabor del cigarrillo, que he de confesar era uno de los únicos dos tipos que tolero: Duro o Mentolado (los cigarros suaves me dan ganas de vomitar, no sé porqué). Disfruté de su sabor, de la presencia del humo en mi boca, exhalar el humo, que sé yo.

Mientras lo fumaba, recordé de cuando empecé a fumar, hace más de diez años, en los alrededores de Heredia, en donde estudiaba el Colegio. Recordé de cuando estaba adolescente, de alrededor de 16 o 17 años, y me iba con mis amigos a las salas de billar, reíamos. jugábamos y fumábamos.

Hay sin duda alguna, aquellas situaciones, aquellas personas que le dan algo de picante a la sopa de la vida, que nos hacen sonreír por un momento. A esas personas, vicios o situaciones, gracias por hacer de mi vida un poco más llevadera, aunque me hagan daño...



La fotografía es de Fight for your Daemons.
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