sábado, 27 de noviembre de 2010

Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza.


En estos dias acompañe a mi abuela a la clinica a que le sacaran sangre, cosas de rutina; y en la casa de la esquina, ella se detuvo por un momento y tomo una flor del jardin. Una flor blanca, de mediano tamaño, "sencilla", una Azalia.
Sin que ella me dijera nada, me comento: "Cuando Alvaro (mi abuelo) y yo nos casamos, El fue hasta Cartago a conseguirme el buquet de novia, completamente hecho de Azalias, y siempre que veo una, me acuerdo de cuando me case..." Seguidamente, se limpio, una lagrima disimulada, involuntaria, honesta.
Entonces se me vino a la cabeza de como hay objetos o situaciones detonantes que nos remontan al pasado.
De como mi mama cada vez que ve una foto del Arenal, recuerda de como se crio a las fldas del volcan.
De como cada vez que veo una pecera, recuerdo la forma en que nos criamos nosotros, en donde mi papa nos enseño los quehaceres de una pecera, y como nos uniamos en las trades nada mas a ver los peces en la sala.
El tener de herencia el anillo de mi bisabuelo, y las herramientas de mi abuelo, lo recuerdo, siento como si estuviera viendome, realizandose al verme usandolas.

Si pudiera enviar este post al Cielo, le mandaria a decir a mis seres queridos, que ya no estan aca, que con lo que me dejaron, me hicieron la vida feliz; justo a como lo hago con los que aun estan conmigo, que de vez en cuando se los recuerdo tambien ( no vaya a ser que se me vayan si yo decirles lo importante que son para mi ).

Cada recuerdo es volver a vivir, porque siento que los recuerdos son el unico paraiso de donde no podemos ser expulsados.

Entonces llego a la conclusion: Llegará un día que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza...

1 comentario:

anuar bolaños dijo...

CICLOS


El tiempo se mueve en direcciones
que no entiendo (o no alcanzo a ver)
pero siempre me lleva a donde quiero ir,
o donde me corresponde estar.
Al menos eso creo.

Llenamos el tiempo con movimientos
que intentan acercarnos a nuestros sueños.
Trastabillamos sin acertar.

Insisto en que el tiempo es mi aliado.
Me aleja de los lamentos,
ablanda los castigos,
abre un horizonte sin aristas.

La melancolía es un hábitat blando,
un claroscuro tibio.
Aprendo a perdonar,
que es otra forma de decir gracias.

Me encargo de mis deudas sin apremio,
hago pocos planes,
dejo que los versos lleguen con impulso propio.

No pienso en el amor,
disfruto el romance,
tarareo mis canciones favoritas.

Me alzo de hombros ante las despedidas
y miro de frente a quien me interroga.
Me da lo mismo fiarme o no de las mujeres.
Igual, ellas tampoco saben a qué atenerse con los hombres.

Invito a mis amigos a un buen vino
y sostengo conversaciones alegres con mis amigas.



Bolaños.

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